Priorizar AMI por pérdidas, no por geografía ni antigüedad
Las distribuidoras que despliegan AMI por oleadas usan pérdidas no técnicas y complejidad operativa como criterio, no el mapa ni la edad del medidor. Guía práctica LATAM.
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El problema no es reemplazar todos los medidores: es decidir por cuáles empezar

En la pieza anterior de esta serie explicamos por qué el parque convencional de una distribuidora eléctrica no se reemplaza de golpe, y por qué la pregunta que realmente importa no es “cuántos medidores inteligentes instalar” sino “por dónde empezar”. Esta pieza entra directamente en ese criterio de priorización.
La respuesta intuitiva —empezar por geografía (una ciudad, una regional) o por antigüedad del parque (los medidores más viejos primero)— es la que con más frecuencia termina desalineada con el retorno real de la inversión. El criterio que sí sostiene la planeación de capex de un despliegue AMI es otro: dónde se concentran las pérdidas no técnicas y qué tan compleja es la operación en esa zona.
La magnitud del problema que justifica priorizar por pérdidas
América Latina y el Caribe pierde, en promedio, cerca del 17% de la energía generada por pérdidas no técnicas (PNT) —un nivel tres veces superior al promedio de los países de la OCDE—, según un estudio de la Asociación de Distribuidores de Energía Eléctrica de Latinoamérica (ADELAT), la Universidad de Chile, OLACDE y el BID, elaborado con 37 distribuidoras de 14 países (Fuente, ADELAT-BID, 2026). El impacto financiero anual consolidado para las distribuidoras de la región se ubica entre US$9.600 millones y US$16.600 millones, equivalente a entre 0,19% y 0,33% del PIB regional (Fuente, ADELAT-BID, 2026).
El fenómeno no es uniforme dentro de un mismo país ni dentro de una misma distribuidora. El propio estudio documenta casos extremos con pérdidas superiores al 25% en mercados como Jamaica y Paraguay, mientras que economías de mayor escala como Brasil mantienen un 14% de pérdidas y México un 10,51% —con una desagregación aproximada de 5,31% técnicas y 5,20% no técnicas (Fuente, ADELAT-BID, 2026). El estudio también ubica a Venezuela, junto con Honduras, entre los escenarios de mayor criticidad en volúmenes absolutos de pérdida, mientras que Perú aparece entre los mercados con menores niveles de pérdidas de la región (Fuente, ADELAT-BID, 2026). Colombia forma parte de los 26 países analizados por el estudio, aunque las fuentes públicas disponibles no reportan una cifra específica de pérdida no técnica para el país en este relevamiento. Esa dispersión es, precisamente, lo que convierte a las pérdidas no técnicas en un criterio de priorización más útil que la geografía: dentro de una misma área de concesión, hay sectores que concentran una fracción desproporcionada de la pérdida total.
Por qué geografía y antigüedad son criterios más débiles
Priorizar por geografía —“empecemos por la capital” o “empecemos por la regional norte”— tiene una lógica administrativa comprensible: es más fácil coordinar cuadrillas y logística dentro de un límite territorial. Pero ese criterio no distingue entre un sector de esa geografía con pérdidas mínimas y otro con pérdidas severas. El resultado es un despliegue que gasta el mismo capex por igual en zonas de retorno muy distinto.
Priorizar por antigüedad del medidor tiene un problema similar: un medidor viejo en una zona de baja pérdida no genera el mismo retorno que un medidor —viejo o nuevo— en una zona donde la pérdida no técnica es alta. La antigüedad describe el estado del activo, no el comportamiento del punto de medición dentro de la red.
El criterio de pérdidas no técnicas combinado con complejidad operativa evalúa, en cambio, lo que realmente determina el retorno de una oleada de despliegue: cuánta energía no facturada hay en esa zona, y cuán costoso es operar allí (densidad de conexiones, dificultad de acceso físico, historial de intervenciones comerciales previas). Una zona de alta pérdida y baja complejidad operativa suele ser la primera candidata: el retorno es alto y el costo de ejecución, contenido.
Qué implica esto para Device Management en SAP IS-U

Para un equipo que gestiona el ciclo de vida de los dispositivos de medición sobre SAP IS-U, priorizar por pérdidas y complejidad operativa —en lugar de por geografía o antigüedad— tiene una consecuencia directa sobre cómo se estructura la planeación de capex: las oleadas de despliegue no siguen el orden natural de una jerarquía territorial en el sistema, sino un ranking de puntos de suministro construido a partir de datos de facturación, lectura y comportamiento de pago.
Eso exige que el dato de pérdida no técnica por punto de suministro —o al menos por segmento de red— esté disponible y sea confiable antes de definir la secuencia de oleadas. Sin ese dato, el equipo termina priorizando por defecto según lo que sí está disponible y es fácil de segmentar: geografía o antigüedad. Es exactamente el patrón que este criterio busca evitar.
En AGT ayudamos a distribuidoras eléctricas de la región a estructurar el criterio de priorización de sus despliegues AMI sobre datos de pérdida y complejidad operativa, en lugar de proxies administrativos que no reflejan el retorno real de cada oleada. Esa estructuración es, además, el paso previo indispensable antes de dimensionar cualquier piloto.
La siguiente pieza de esta serie entra en ese siguiente paso: el piloto de 500 a 2.000 medidores que evita apostar todo el presupuesto en la primera jugada.
Fuentes
- ADELAT, Universidad de Chile, OLACDE y BID, “Recuperando Energía: Innovación y Estrategias para la Gestión de Pérdidas No Técnicas en América Latina y el Caribe”, vía EconoJournal, 2026
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